Hubert Scheibl – Spanish

Oktober 23, 2017 by admin Uncategorized 0 comments

HUBERT SCHEIBL:

PAISAJES ABSTRACTOS

La obra de Hubert Scheibl se encuentra entre las más consideradas de la actual escena artística europea. El artista austríaco –vienés, nacido en 1952- tiene, además de numerosa obra en las más importantes colecciones públicas y privadas, un reconocido prestigio por su participación en eventos como la Biennal de Sao Paulo (1985) y la de Venecia (1988). En España tuvimos la ocasión de ver su obra en la exposición La visión austríaca, organizada por la Fundació La Caixa en Madrid y Barcelona.

En la actualidad, la obra se Scheibl se puede considerar, en ciertos aspectos de su pintura, dentro de un fenómeno, común en la pintura abstracta contemporánea y que abarca a artistas de diferentes orígenes y tendencias. Scheibl forma parte, entre otros creadores de su misma generación –GünterDamish, Hubert Schmalix, Herbert Brandt- de la llamada “Nueva Pintura Austriaca”, formada a principios de los 80, cuya actitud de retorno a la pintura se caracterizaba por la proclamación de valores plásticos en su pura fisicidad. Más que en los aspectos narrativos o expresionistas, como ocurría en aquellos momentos con el nuevo expresionismo alemán o la transvanguardia italiana, el grupo austríaco parecía inclinarse hacia aspectos más sensuales y hedonistas de la pintura.

La propuesta de Scheibl, en su coherente trayectoria pictórica, da como resultado una obra eminentemente lírica basada en la magnificencia del color que, exuberante y ampuloso, es expresado de forma refinada.

Discípulo de Arnulf Rainer y Max Weiler en la Academia vienesa, Scheibl es hijo de una generación que conoce a fondo la tradición de la pintura abstracta europea y americana pero sobre todo –lo que es más importante- sabe asumir el peso de esta carga intelectual.La actitud que había marcado buena parte de la producción pictórica de la postguerra se encaminaba forzosamente a ponerse en cuestión. Lejos del gesto interior y espontáneo que pretendía la autoexpresión y rechazaba todo proceso de premeditación, la pintura se convertía ahora en un campo autónomo para su propia reflexión. Superado el informalismo como referencia obligada, el lienzo devenía un banco de pruebas, un territorio sin leyes donde se procedía a experimentar la pintura sin ideario previo, una constante interrogación entorno a ella misma.

Scheibl ilustra con su obra una actitud propia del artista contemporáneo: con un profundo bagaje intelectual como punto de partida, se lanza al vacío y fluctúa por los caminos de la pintura, proponiendo como principio un método sin ideario, pero con un conocimiento experto de los codigos del lenguaje de la abstracción.

El artista iniciaba en la década de los 80 las llamadas “series múltiples” que, previas a su obra actual, ilustran esa actitud intelectual a la que aludía anteriormente y que propone, como punto de partida, la exploración sistemática de posibilidades de la pintura. En estas “series-múltiples”, Scheibl planteaba una verdadera redefinición de la pintura conjugando los elementos inherentes a ésta en un muestrario de posibilidades, como metáfora de esta de-construcción que refleja, por encima de todo ello, la clarividencia del que ya sabe hacer de la pintura un acontecer propio.

Los más recientes trabajos de Scheibl, que se sitúan entre finales de los 80 e inicios de los 90, se concentran en una sola superficie. De formato más grande, estas superficies únicas superan esta idea de de-construcción. Son pinturas en las cuales la primera impresión del espectador es la de contemplar una pintura al límite de la figuración en la que se adivina una forma de espacio sin estar representado. Son pinturas-escenarios ante las que sentimos nuestro yo contemplando el espacio desde el otro lado de una ventana figurada. Y sin embargo, ese espacio no existe. Es pura intuición, una ilusión.

Se trata de composiciones creadas a partir de una estructura central en la que puede adivinarse una retícula formada por trazos de pincel y espátula, dispuestos horizontal y verticalmente, y de la que surge una ilusión de espacio. Son verdaderos “espacios abstractos”, formados por intersticios de luz, que emergen entre las capas de pintura y que escenifican una ilusión de profundidad. Entre el color, en estos “paisajes”, dispuesto en veladuras sutilísimas sobre capas de pintura muy densas, surgen emanaciones de luz como del fondo de un abismo imaginario por el que caemos con la mirada. La paleta es exuberante. A veces, los tonos son ácidos y estridentes, otras, brillantes como brumas argénteas, formando intersticios que permiten el juego y la presencia de la luz. Nieblas y espesuras cromáticas, tonos condensados o muy difusos, sensuales y de factura muy refinada, paisajes irreales en los que se siente el aire y la vibración de la atmósfera.

(Lápiz n° 130 Marzo, 1997)

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